Cuando una calathea empieza a amarillear, no conviene regarla más sin observar antes el sustrato, las raíces y la luz. En esta guía explico cómo distinguir el exceso de agua de la sequedad, qué papel juegan la humedad y el agua del grifo, y qué pasos sigo para recuperar la planta sin añadirle más estrés.
El amarilleo suele corregirse al ajustar riego, luz y drenaje
- Exceso de agua: hojas amarillas y blandas junto a un sustrato que permanece mojado.
- Falta de humedad: puntas marrones, bordes secos y hojas enrolladas.
- Luz adecuada: mucha claridad indirecta, pero nada de sol directo intenso.
- Raíces sanas: la maceta debe tener agujeros y el agua nunca debe quedar acumulada.
- Recuperación: las hojas dañadas no recuperan el color, pero sí puede crecer follaje nuevo.

Primero observa cómo amarillean las hojas
Una hoja amarilla no señala siempre el mismo problema. Yo empiezo fijándome en qué hojas cambian de color, cómo se sienten al tacto y cuánto tarda en secarse la tierra. Ese conjunto de señales suele ser más fiable que seguir un calendario fijo de riego.
| Lo que observas | Causa probable | Qué hacer |
|---|---|---|
| Hojas inferiores amarillas y blandas | Exceso de riego o mal drenaje | Revisar raíces y dejar secar parcialmente el sustrato |
| Puntas marrones y bordes crujientes | Aire seco, riego irregular o agua con muchas sales | Aumentar la humedad y usar agua de menor mineralización |
| Manchas pálidas o quemadas en el lado de la ventana | Sol directo | Alejarla del cristal o colocar una cortina fina |
| Hojas nuevas amarillas con nervios verdes | Posible carencia de hierro o bloqueo por el sustrato | Comprobar raíces, pH y abonado antes de aplicar correctores |
| Amarilleo con telarañas finas o puntos móviles | Ácaros u otras plagas | Aislar la planta y revisar el envés de las hojas |
También puede amarillear una hoja después de un trasplante, un cambio brusco de ubicación o un periodo de frío. Si solo afecta a una hoja vieja y el resto permanece firme, no siempre significa que la planta esté enferma: puede tratarse de renovación natural del follaje.
El riego suele ser el punto donde todo se decide
Cómo detectar demasiada agua
La calathea necesita humedad constante, pero no vivir con las raíces empapadas. Cuando el sustrato sigue mojado varios días, huele mal o los tallos se vuelven blandos, sospecho primero de asfixia radicular. En ese estado las raíces absorben peor el agua y los nutrientes, aunque haya abundante humedad en la maceta.
Introduce un dedo unos 3 o 4 centímetros en la tierra. Si está húmeda, espera; si está casi seca y la maceta pesa poco, riega lentamente hasta que salga un poco de agua por los agujeros. Después vacía el plato al cabo de unos minutos. Regar pequeñas cantidades todos los días suele ser peor que hacerlo a fondo y dejar escurrir.
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Qué hacer si la tierra está completamente seca
La falta de agua suele producir hojas caídas, enrolladas y con puntas tostadas. En ese caso, riega de forma gradual para que el cepellón absorba el agua, pero evita dejar la maceta sumergida durante horas. Si la tierra se ha separado de las paredes del recipiente, puede ser necesario humedecerla en dos tandas con unos 10 minutos de pausa.
La frecuencia depende de la temperatura, el tamaño de la maceta y la ventilación. En un piso cálido de Madrid o Sevilla quizá necesite agua cada 5 o 7 días en verano, mientras que en una habitación fresca y poco luminosa puede tardar 10 o 14 días. Yo confío más en el tacto del sustrato que en el calendario.
Luz, humedad y calidad del agua también dejan huella
La calathea agradece una habitación luminosa con luz indirecta. El sol fuerte del mediodía puede decolorar o quemar las hojas, mientras que una esquina demasiado oscura ralentiza el secado de la tierra y favorece el amarilleo por exceso de humedad. Una ventana orientada al este o una ubicación cercana a una ventana con cortina suele funcionar bien.
La humedad ambiental ideal suele situarse alrededor del 50-70 %, aunque la planta puede adaptarse a cifras algo menores si el riego y la temperatura son estables. Un humidificador con higrostato ofrece un control más real que pulverizar las hojas, porque el efecto de la pulverización dura poco y no corrige un ambiente seco durante todo el día.
Yo evitaría colocarla junto a un radiador, un aparato de aire acondicionado o una ventana que se abra con frecuencia. Las corrientes y los cambios bruscos de temperatura pueden provocar hojas amarillas, caídas y bordes secos. Mantenerla aproximadamente entre 18 y 27 ºC, sin pasar de un extremo a otro, suele ser más útil que moverla constantemente.
El agua del grifo también puede influir, sobre todo en zonas con mucha cal. Para una calathea sensible, prefiero agua filtrada, de lluvia limpia o de baja mineralización; dejar reposar el agua puede reducir parte del cloro, pero no elimina la cal ni todas las sales. Si aparecen puntas marrones de forma repetida, conviene probar durante varias semanas con otra fuente de agua antes de aumentar el riego.
Raíces, sustrato y abonado pueden explicar el problema
Si la planta sigue amarilleando pese a corregir el riego, reviso el sistema radicular. Saca el cepellón con cuidado y busca raíces blancas o beige, firmes y sin mal olor. Las raíces marrones, blandas o que se deshacen al tocarlas indican daños por humedad persistente y deben retirarse con tijeras limpias.
La maceta necesita varios agujeros de drenaje y un sustrato aireado. Una mezcla práctica puede contener aproximadamente dos partes de fibra de coco o turba, una de perlita y una de corteza fina. No es una receta rígida, pero sí una buena referencia para evitar una tierra compacta que se convierte en barro después de cada riego.
El trasplante no debe hacerse por rutina cada año. Tiene sentido cuando las raíces ocupan casi todo el recipiente, el sustrato se compacta o el agua tarda demasiado en salir. Elige una maceta solo 2 o 4 centímetros más ancha; un recipiente demasiado grande retiene más humedad y puede empeorar el amarilleo.
La falta de nutrientes es posible, pero suele diagnosticarse demasiado pronto. Si las hojas nuevas nacen pequeñas y pálidas, y la planta lleva meses sin abonarse, usa un fertilizante equilibrado para plantas verdes a media dosis cada 3 o 4 semanas durante primavera y verano. No abones una calathea recién trasplantada, con raíces podridas o con el sustrato seco, porque el fertilizante puede agravar el estrés.
Cómo actuar durante los próximos siete días
Cuando no tengo claro el origen del problema, sigo un orden sencillo. Así evito cambiar cinco condiciones a la vez y después no saber qué ha funcionado.
- Aísla la planta si hay manchas, insectos o telarañas, para que una posible plaga no pase a otras plantas.
- Comprueba la tierra a varios centímetros de profundidad y revisa si el agua sale por los agujeros.
- Corrige la ubicación con luz abundante e indirecta, lejos de radiadores, corrientes y sol directo.
- Ajusta el riego según la humedad real del sustrato, no según un número fijo de días.
- Examina el envés de las hojas y limpia el polvo con un paño suave ligeramente húmedo.
- Retira solo las hojas muy dañadas con una herramienta desinfectada. Las que ya están amarillas no volverán a ponerse verdes.
Si encuentras raíces podridas, cambia el sustrato y riega poco después del trasplante, solo lo suficiente para asentar la mezcla. Durante la recuperación evita podas intensas, abonos fuertes y cambios continuos de habitación. La señal más importante será que el amarilleo deje de avanzar y aparezcan hojas nuevas firmes.
La mejoría visible puede tardar entre 2 y 6 semanas, según el daño de las raíces y la estación. Una hoja vieja no se repara, pero eso no significa que el tratamiento haya fallado. La planta está recuperada cuando mantiene los tallos firmes, produce crecimiento nuevo y el sustrato se seca de manera razonable entre riegos.
La señal que conviene vigilar antes de volver a regar
Para prevenir el problema, pesa mentalmente la maceta, toca la tierra y observa las hojas antes de añadir agua. Una calathea sana no necesita mimos improvisados, sino condiciones estables: humedad moderada, drenaje, claridad sin sol directo y riegos adaptados a la época del año.
Si tuviera que priorizar una sola comprobación, miraría primero el drenaje. Una planta tropical puede tolerar un día de sequedad, pero suele llevar mucho peor permanecer semanas con las raíces sin aire. Corregir ese detalle, junto con una ubicación luminosa y protegida, suele marcar la diferencia entre seguir perdiendo hojas y volver a disfrutar de un follaje abundante.